Hoy es el día. Nos han subido el IVA a todos, pobres y ricos, de izquierdas o de derechas, ateos o creyentes. Eso es lo injusto, que es para todos igual, aunque los que más lo sufran serán los que menos recursos tienen, los antaño mileuristas o los integrados en la legión de los parados.
La subida del IVA es la prueba mas clara de la forma en que el Gobierno, instigado por sus jefes ideológicos de Bruselas y Berlín, pretende sacarnos de la sima económica en la que nos encontramos: cargando los costes a los ciudadanos, principalmente trabajadores asalariados.
Es de una vulgaridad lacerante si no fuera porque cualquiera puede darse cuenta de que esta política económica forma parte de una estrategia global para podar las conquistas sociales y laborales de los últimos 75 años. Y quien no lo quiera ver, allá su ceguera. Y hoy no toca hablar de los políticos capaces de hacer lo contario de lo que predicaban. Otro día será.
La final de la Copa del Rey nos ofreció otro ejemplo de esa costumbre tan española del desprecio al prójimo, un defecto transversal a todo tipo de orígenes y obedencias políticas. Los miles de personas que ayer pitaron el himno español demostraron que en este país, o lo que sea, el respeto por lo que piensa o lo que siente el de enfrente no es moneda de uso habitual. Silbar un himno, cualquier himno, insultar al vasco, al catalán, al francés o al español por el hecho de serlo es vulgarmente insoportable, además de una muestra de intolerancia abrumadora. Es la ofensa por la ofensa, por joder, por irritar al que no piensa como tú o por hacer la gracieta. Pero, si cabe, aún es peor reír la gracia, alentarla o contemplarla con media sonrisa, como hizo el honorable Mas el sábado en el Nou Camp. Seguro que no pondría la misma cara si en el Bernabéu se abucheara e himno catalán; entonces hablaría de insulto a Catalunya y bla, bla, bla..... En tiempos cada vez más lejanos, los esbirros d...
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