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El imperio del egoismo, o del utilitarismo

Cada día me encuentro con más gente que se rige por una pregunta básica: ¿Qué saco en beneficio yo si hago esto? Es un interrogante que se plantea en cualquier ambiente. Tengo para mi que es el signo distintivo de la sociedad en la que vivimos, o más bien en la que quieren que  vivamos.

Es posible que esté equivocado, pero creo que quien se orienta con fines estrictamente utilitaristas no es feliz. No experimenta la satisfacción de hacer algo en beneficio del prójimo, de la comunidad, de sus compañeros de trabajo o, simplemente, para sentir que no siempre hay que ir por la vida con el taxímetro levantado.

Cuando hablo con una persona que ha sufrido un accidente grave o que padece o ha padecido una enfermedad que le limitó sus capacidades me cuentan que en ese trance descubren cuántas cosas accesorias rodean sus vidas, qué amarrados están a lo superfluo. En ese trance vital descubren lo necesario que es contar con las personas que hacen algo sin esperar remuneración o beneficio. Pensemos, y actuemos, de la misma forma cuando estamos activos.

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