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Estampas de una tarde de Viernes Santo

Los paseos sin destino fijo nos permiten encontrarnos con hechos que abren reflexiones sobre lo que pasa o lo que otros pretenden que pase. Una tarde de Viernes Santo es un tiempo que se puede aprovechar para caminar sin rumbo por la ciudad y descubrir cómo se matan moscas a cañonazos o se  mezcla a Dios con el César.

Primera estampa: Cantón Grande de A Coruña. Concentración de unos cien jóvenes y alguna persona de la tercera edad (o tercera juventud), pertenecen a grupos de izquierda (radical o antisistema, como gustan en llamarlos los portavoces de la derecha rancia). Reparten octavillas y luego comienzan a caminar. Todo muy normal. Los paseantes siguen a lo suyo. Frente a ellos cuatro furgonetas de la Policía Nacional y unos cincuenta agentes. Es decir, casi más jefes que indios. Me quedé con ganas de preguntarle al policía al mando si aquello no era excesivo. Mis acompañantes me disuadieron. Probablemente él hubiera preferido estar con su familia y no vigilando a esos manifestantes tan educados.

Segunda estampa: Teatro Rosalía Castro y Ayuntamiento de A Coruña. Banderas a media asta. Me pregunto si es por la muerte de García Márquez. No. Es que es Viernes Santo. Sorpresa y pregunta: ¿Qué hacen a media asta las banderas de un estado aconfesional?¿Están de luto por la crucifixión de Jesús? No lo creo porque los que gobiernan ese estado crucifican a Jesús todos los días empobreciendo a los ciudadanos, golpeando a los inmigrantes, respaldando los desahucios de los bancos, etc.... De nuevo compruebo que seguimos sin separar correctamente fe y política.

Ya veis para lo que da un paseo sin destino fijo. Bueno, también para tomarse tres cortos de cerveza con sus correspondientes pinchos y olvidarte de los mosqueos que te pillas viendo lo que pasa a nuestro alrededor.

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