Es conocido que la carrera cinematográfica de Elvis Presley es uno de los "agujeros negros" de su biografía, salvo quizás un par de cintas de los primerísimos años. Aquí tenemos una muestra. La canción se llama "Follow that dream". Elvis le canta una canción a una moza que lo mira con arrobo, o pasmada. El "timing" es un desastre y el "rey" pone tanto interés y pasión en la canción como en rascarse. Ahí va una muestra de mal cine.
La final de la Copa del Rey nos ofreció otro ejemplo de esa costumbre tan española del desprecio al prójimo, un defecto transversal a todo tipo de orígenes y obedencias políticas. Los miles de personas que ayer pitaron el himno español demostraron que en este país, o lo que sea, el respeto por lo que piensa o lo que siente el de enfrente no es moneda de uso habitual. Silbar un himno, cualquier himno, insultar al vasco, al catalán, al francés o al español por el hecho de serlo es vulgarmente insoportable, además de una muestra de intolerancia abrumadora. Es la ofensa por la ofensa, por joder, por irritar al que no piensa como tú o por hacer la gracieta. Pero, si cabe, aún es peor reír la gracia, alentarla o contemplarla con media sonrisa, como hizo el honorable Mas el sábado en el Nou Camp. Seguro que no pondría la misma cara si en el Bernabéu se abucheara e himno catalán; entonces hablaría de insulto a Catalunya y bla, bla, bla..... En tiempos cada vez más lejanos, los esbirros d...
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